El sacerdocio y el servicio misional
Casi inmediatamente después de terminar su servicio en el Sacerdocio Aarónico, ustedes, como dignos jóvenes de 18 años, pueden ser investidos con poder en el templo y enviados como misioneros de tiempo completo. Serán parte de la más grande y poderosa fuerza misional en la historia del mundo. ¡Ésta es verdaderamente la edad de oro de la obra misional!
Los desafío a ustedes y a todos los que ministran a memorizar y vivir de acuerdo con las palabras de inspiración que se encuentran en Doctrina y Convenios:
“He aquí, una obra maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos de los hombres.
“Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.
“De modo que, si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra;
“pues he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma;
“y fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, lo califican para la obra.
“Tened presente la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad, diligencia.
“Pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá. Amén” (D. y C. 4:1–7).
Mi ruego es que desarrollen principios a una edad temprana y que mantengan durante su vida un ardiente deseo de servir dignamente y fielmente a Dios. Al hacerlo, serán felices. Se llenarán con el poder del magnífico Sacerdocio Aarónico para atender las necesidades de los demás. Más tarde, estarán preparados para servir con más fuerza como poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, misioneros, esposos y padres. Que el Señor los bendiga.
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